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Historias de la Calle de Jesús

El comunicado

  Estamos en 1950. La guerra hace tiempo que terminó pero las últimas consecuencias de una guerra fratricida todavía llena de dolor a muchas familias Españolas. Y allí, en la ciudad del Turia comienza esta historia. Son historias de un barrio de manos del hilo conductor de una familia. Muchas familias tendrán también muchas cosas que contar, buenas y malas, grandes, pequeñas, y que pensamos que no deberían perderse porque forman parte de la historia. En el número 90 de esta calle (actualmente 92) vive la familia Oltra. El comunicado reposaba encima de la mesa camilla. Escueto, ajeno al dolor que había causado. «Les comunicamos que Francisco Oltra Paricio ha muerto de hemorragias internas y ha sido enterrado en el cementerio de Santa María de Marles». Cuando se lee sobre una época, lamentablemente, los grandes personajes, batallas, políticas...son el guión que nos muestran. También hay otros guiones, sobre todo en el cine y en la tv, que nos muestran las cosas que fueron importantes par
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Desmanes

            Es lamentable que, a poco de proclamarse la república, ya hubiera pandillas de analfabetos y salvajes que, sin pensar en la historia, el arte ni la cultura, se dedicaran a quemar Iglesias sin ningún sentido.      Contaba mi padre que entraban en las Iglesias y encar á ndose con las estatuas y sin tener en cuenta su valor artístico y mucho menos el valor sentimental para una parte de la población, les dijeran...      - ¡Fulano, mañana venimos a quemarte ,  si sabes lo que te interesa ,  mañana no estarás!.      Otra gracia, sin ningún beneficio para nadie y s o lo como demostración de una fuerza salvaje; llevaban ganado y lo dejaban dentro de las Iglesias como si de un corral se tratara.      Lo incomprensible es que los gobiernos toleraran estos desmanes cuando, sin lugar a dudas, los enemistaban con una gran parte de la población y a m í,  solo desde la distancia, se me ocurre  pensar  que fuera para congraciarse con la amiga  y aliada entonces,  Rusia.

Mi calle de Jesús

  Mi finca y todo "nuestro pedazo de la calle" era la avanzada a la que llegaban los primeros efluvios de la huerta cuando las flores de azahar abrían sus pétalos. Mi calle de Jesús, estaba cerca del campo y cerca de la ciudad. Yo tuve un compañero de trabajo que me decía que para el un sitio ideal para vivir era una casa que al despertarse por la mañana pudiera ver el campo por la ventana pero que, si salía por la puerta de atrás, se encontrara frente a una ciudad con todas sus ventajas. Nosotros teníamos eso en mi calle de Jesús. La calle de Jesús es una de las arterias principales de la ciudad. Discurre paralela al antiguo camino romano (hoy en día la calle de San Vicente) y es de las más largas y rectas de esta maravillosa y querida ciudad. Su principio se encuentra a pocos cientos de metros de la Plaza del Ayuntamiento y termina, recta como un tiro de piedra, en el Mercadito de Jesús. Mi calle de Jesús era la misma de ahora, pero tenía poco que ver con la actual. Era tra

Personajes

  Francisco Oltra Paricio Se le conocía por la calle Jesús por ir, en aquellos tiempos sin casi circulación, leyendo mientras caminaba. Ebanista y después policía al final de la república y durante la guerra. Si de algo se le puede acusar es de dedicar más tiempo a la política que a la familia y por este motivo decidió emigrar, junto con unos amigos, a Francia. Para poder pasar la frontera por los montes, pasaron unos “maquis” para llevarlos y por el camino, en el año 1950, fueron ametrallados al darles el alto la guardia civil y salir corriendo. Supongo que mucha gente como él se avergonzaría de la clase política actual. Solo destacar una frase que dijo a su mujer antes de irse: "Fina, que equivocado he estado, el español necesita un guardia civil detrás de cada uno para no destruirse entre ellos". Josefina Mollá Cantos Huérfana de madre, con otros tres hermanos, recordaba los últimos recuerdos que tenía de su madre: que fueron aupándose en la cama para ver a su último herma

Fragmentos

Volvió sobre sus pasos y regresó a casa. A la primera que encontró fue a Josefina. -Josefina, ¿tú sabes algo de las monjas de clausura? Al pasar he visto que el convento estaba abierto. -Se las han llevado -oyó decir a su padre desde la galería- esta mañana ha llegado un camión con una pandilla de energúmenos y entre risas y disparos al aire las han metido a todas en el camión. Supongo que ya estarán muertas. *** Él ya había oído hablar sobre el coche de la calavera, pero la primera vez realmente que lo vio fue esa tarde. Un viejo Ford al que le habían puesto una calavera humana encima del capo del motor. De día impresionaba, pero de noche…, con una luz dentro del cráneo iluminando las cuencas de sus ojos, causaba verdadero horror. Cuando el coche de la calavera se paraba delante de un edificio y sacaban a la fuerza a alguien haciéndolo subir en él, la familia podía despedirse, porque era seguro que ya no se le vería más. Era la forma en que se saldaban envidias, rencores y venganzas.